jueves, 25 de noviembre de 2010

La cultura de la remezcla

Adolfo Estalella plantea un tema candente desde que las nuevas tecnologías de la información fueron accesibles a amplias capas de las sociedades desarrolladas: el del cambio radical que ha experimentado la transmisión de la cultura, un cambio de paradigma que ha convertido al ciudadano medio en sujeto activo en la transmisión de cultura e información de forma que de ser mero receptor, se ha convertido en creador o fuente.

Se trata de un cambio que ya tiene en el conjunto de la sociedad una trascendencia histórica equiparable, o incluso mucho mayor, de la que tuvo la Revolución Industrial del siglo XVIII o la invención de la imprenta. Las nuevas tecnologías, de las que internet supone la cumbre en cuanto a comunicación, han roto barreras y moldes en todos los órdenes de la comunicación humana y, cómo no, en la transmisión de la cultura. El concepto globalización, aplicado generalmente a la economía, define muy certeramente el nuevo escenario que ha abierto la democratización de las tecnologías de la información.

El ciudadano convertido en emisor y autor, encuentra rápidamente, como indica el autor, su propio grupo o colectivo, común a sus intereses culturales, por encima de fronteras o barreras insalvables hasta hacer relativamente pocos años. Estalella llama la atención sobre la facilidad con la que las nuevas tecnologías permiten la “remezcla” de obras ajenas, dando lugar a una nueva creación de nueva planta que puede considerarse original partiendo de trabajos ajenos. La práctica no es nueva, tal y como recuerda el propio autor cuando se refiere a obras de teatro o de cine basadas en una novela, o sinfonías que tienen su inspiración en un relato o un hecho religioso. La novedad estriba en la facilidad con la que hoy en día prácticamente cualquier persona dotada de un conocimiento elemental y unas herramientas muy accesibles, puede afrontar ese proceso de remezcla o reconstrucción.

El artículo enfoca el proceso desde una perspectiva positiva y, a mi juicio, optimista. De acuerdo con su propuesta, se trataría tan solo de superar el problema que plantea una legislación sobre la propiedad intelectual que ha quedado obsoleta, para conseguir un escenario ideal.

Considero que hay otras cuestiones que se tienen que tener en cuenta antes de formarse una opinión tan optimista. Siendo el tema de la propiedad intelectual un asunto capital (la creación cultural y artística debe estar justamente remunerada), a mi juicio se plantean otros problemas no menos importantes, referidos únicamente al ámbito educativo, que paso a detallar someramente:

La sobreinformación. Vivimos en una sociedad sobreinformada, que no es sinónimo de bien informada sino, en muchos casos, lo contrario, puesto que lo accesorio oculta muchas veces lo fundamental. Los alumnos han pasado de disponer de un libro de consulta a tener en sus manos un material casi infinito. Enseñarles a seleccionar se antoja fundamental.

La credibilidad de las fuentes. Universalizada la producción de información y de cultura, es de importancia capital saber separar el grano de la paja, distinguir la verdad del rumor y lo auténtico de lo falso o de la mera copia. La remezcla, no puede considerarse cultura per se. Copiar y pegar es a veces, solo eso: una copia.

La brecha digital. Aunque nosotros tenemos la suerte de vivir en el primer mundo, observado desde un punto de vista global, somos una minoría de la Humanidad quienes disfrutamos de las nuevas tecnologías. El riesgo de que la brecha entre los privilegiados y los que no lo son se agrande hasta límites insoportables, es enorme y requiere una solución. E incluso entre los habitantes del primer mundo, hay diferencias ostensibles entre quienes viven en zonas que disfrutan de infraestructuras de comunicaciones y quienes viven en zonas más desfavorecidas.

El concepto de la escuela como espacio físico. La introducción en los centros de enseñanza de tecnologías como ordenadores o pizarras digitales, parece solo un primer paso hacia otro escenario en el que técnicamente sea innecesaria la enseñanza presencial tal y como la concebimos hasta ahora. De hecho, no son pocos los proyectos y programas que ya se imparten en modo no presencial, como el que estamos llevando a cabo nosotros mismos.

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